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El millón de cubanos que nos reunimos hoy para marchar frente a su Oficina de Intereses, es sólo una pequeña parte de todo un pueblo valiente y heroico que quisiera estar aquí junto a nosotros si físicamente fuese posible.
No se reúne en gesto hostil contra el pueblo de Estados Unidos, cuyas raíces éticas, originarias de la época cuando emigraron a este hemisferio los primeros peregrinos, conocemos bien.
No deseamos tampoco molestar a los funcionarios, empleados y guardianes de esa instalación que, en el cumplimiento de sus misiones, gozan de toda la seguridad y garantías que un pueblo culto y civilizado como el nuestro es capaz de ofrecer.
Es un acto de indignada protesta y una denuncia contra las brutales, despiadadas y crueles medidas que su gobierno acaba de adoptar contra nuestro país.
De antemano conocemos lo que usted piensa o pretende hacer creer de los que por aquí marcharán. En su opinión se trata de masas oprimidas y ansiosas de libertad lanzadas a la calle por el gobierno de Cuba. Ignora por completo que al pueblo digno y altivo que ha resistido 45 años la hostilidad, el bloqueo y las agresiones de la potencia más poderosa de la Tierra, ninguna fuerza del mundo podría arrastrarlo como un rebaño, atado cada uno de ellos con una cuerda en el cuello.
Un estadista, o alguien con la pretensión de serlo, debiera saber que las ideas justas y realmente humanas a lo largo de la historia han demostrado ser mucho más poderosas que la fuerza; de ésta van quedando polvorosas y despreciables ruinas; de aquellas, rasgos luminosos que nadie podrá apagar. A cada época le han correspondido las suyas, tanto buenas como malas, y todas se han ido acumulando. Pero a esta etapa que vivimos, en un mundo bárbaro, incivilizado y globalizado, le han correspondido las peores y más tenebrosas e inciertas.
No existe en el mundo que usted quiere hoy imponer la menor noción de ética, credibilidad, normas de justicia, sentimientos humanitarios ni los más elementales principios de solidaridad y generosidad.
Todo lo que se escribe sobre derechos humanos en su mundo, y en el de sus aliados que comparten el saqueo del planeta, es una colosal mentira. Miles de millones de seres humanos viven con hambre, sin alimentos suficientes, medicinas, ropa, zapatos, viviendas, en condiciones infrahumanas, sin los más mínimos conocimientos y suficiente información para comprender su tragedia y la del mundo en que viven.
A usted seguramente nadie le ha informado cuántas decenas de millones de niños, adolescentes, jóvenes, madres, personas de mediana o mayor edad que podrían salvarse, mueren cada año en este “idílico edén de sueños” que es la Tierra, ni a qué ritmo se destruyen las condiciones naturales de vida y se está despilfarrando en un siglo y medio, con terribles efectos nocivos, los hidrocarburos que el planeta tardó 300 millones de años en crear.
A usted le bastaría pedir a sus ayudantes los datos precisos de las decenas de miles de armas nucleares, químicas, biológicas, aviones de bombardeo, mísiles de certera puntería, gran alcance y precisión, acorazados, portaaviones con que cuentan sus arsenales, armas convencionales y no convencionales suficientes para poner fin a la vida en el planeta.
Ni usted ni nadie podría conciliar el sueño nunca. Tampoco sus aliados, que tratan de emular el desarrollo de sus arsenales. Si se toma en cuenta el bajo coeficiente de responsabilidad, el talento político, los desequilibrios entre sus respectivos estados y el poquísimo ánimo de reflexionar, entre protocolos, reuniones y asesores, los que tienen en sus manos el destino de la humanidad, pocas son las esperanzas que puedan albergar cuando contemplan, entre perplejos e indiferentes, este manicomio real en que se ha convertido la política mundial.
El objetivo de estas líneas no es ofenderlo ni insultarlo; pero como usted se ha propuesto intimidar, atemorizar a este país, y finalmente destruir su sistema económico-social y su independencia, y de ser necesario su propia existencia física, considero un deber elemental recordarle algunas verdades.
Usted no tiene moral ni derecho alguno a hablar de libertad, democracia y derechos humanos, cuando ostenta el poder suficiente para destruir la humanidad y con él intenta imponer una tiranía mundial, ignorando y destruyendo la Organización de Naciones Unidas, violando los derechos de cualquier país, llevando a cabo guerras de conquista para apoderarse de los mercados y los recursos del mundo, imponiendo sistemas políticos y sociales decadentes y anacrónicos que conducen a la especie humana al abismo.
Usted, por otras razones, no puede mencionar la palabra democracia porque, entre ellas, su ascenso a la Presidencia de Estados Unidos todo el mundo sabe que fue fraudulento. No puede hablar de libertad, porque no concibe otro mundo que el regido bajo el imperio del terror de las mortíferas armas que sus manos inexpertas pueden lanzar sobre la humanidad.
No puede hablar de medio ambiente porque ignora por completo que la especie humana corre el riesgo de desaparecer. Usted acusa de tiranía al sistema económico y político que ha conducido al pueblo de Cuba a los más altos niveles de alfabetización, conocimientos y cultura, entre los países más desarrollados del mundo; que ha reducido la mortalidad infantil a un índice menor que el de Estados Unidos, y cuya población recibe gratuitamente todos los servicios de salud, educación y otros de gran trascendencia social y humana.
Suena hueco y risible escucharlo a usted hablar de derechos humanos en Cuba. Este es, señor Bush, uno de los pocos países de este hemisferio donde jamás en 45 años hubo una sola tortura, un solo escuadrón de la muerte, una sola ejecución extrajudicial, ni un solo gobernante que se haya hecho millonario en el ejercicio del poder.
Usted carece de autoridad moral para hablar de Cuba, un país digno que ha resistido 45 años de brutal bloqueo, guerra económica y ataques terroristas que han costado miles de vidas y decenas de miles de millones de dólares en pérdidas económicas.
Usted agrede a Cuba por razones políticas mezquinas, en busca del apoyo electoral de un grupo decreciente de renegados y mercenarios, sin ética ni principio alguno. Usted no tiene moral para hablar de terrorismo, porque lo rodean un grupo de asesinos que mediante actos de ese tipo han causado la muerte de miles de cubanos.
Usted no disimula su desprecio por la vida humana, porque no ha vacilado en ordenar la muerte extrajudicial de un número desconocido y secreto de personas en el mundo.
Usted no tiene derecho alguno, que no sea el de la fuerza bruta, a intervenir en los asuntos de Cuba y proclamar a su antojo el tránsito de un sistema a otro, y adoptar medidas para llevarlo a cabo.
Este pueblo puede ser exterminado —bien vale la pena que lo sepa—, barrido de la faz de la Tierra, pero no sojuzgado ni sometido de nuevo a la condición humillante de neocolonia de Estados Unidos.
Cuba lucha por la vida en el mundo; usted lucha por la muerte. Mientras usted mata a incontables personas con sus ataques indiscriminados preventivos y sorpresivos, Cuba salva cientos de miles de vida de niños, madres, enfermos y ancianos en el mundo.
Usted lo único que conoce sobre Cuba son las mentiras que emanan de las bocas voraces de la mafia corrompida e insaciable de antiguos batistianos y sus descendientes, expertos en fraudes electorales y capaces de elegir Presidente en Estados Unidos a alguien que no obtuvo los votos suficientes para alcanzar la victoria.
Los seres humanos no conocen ni pueden conocer libertad en un régimen de desigualdad como el que usted representa. Ninguno nace igual en Estados Unidos. En los guetos de personas de origen africano y latino, y en las reservas de indios que poblaron esa tierra y fueron exterminados, no existe otra igualdad que la de ser pobres y excluidos.
Nuestro pueblo, educado en la solidaridad y el internacionalismo, no odia al pueblo norteamericano ni desea ver morir a jóvenes soldados de su país, blancos, negros, indios, mestizos, latinoamericanos muchas veces, a quienes el desempleo los arrastró a enrolarse en unidades militares para ser enviados a cualquier rincón del mundo en ataques traicioneros y preventivos o en guerras de conquista.
Las increíbles torturas aplicadas a los prisioneros en Iraq han dejado estupefacto al mundo.
No pretendo ofenderlo con estas líneas —ya lo dije—. Sólo aspiro a que en cualquier instante de ocio algún ayudante suyo ponga delante de usted estas verdades, aunque realmente no sean en absoluto de su agrado.
Puesto que usted ha decidido que nuestra suerte está echada, tengo el placer de despedirme como los gladiadores romanos que iban a combatir en el circo:
Salve, César, los que van a morir te saludan.
Sólo lamento que no podría siquiera verle la cara, porque en ese caso usted estaría a miles de kilómetros de distancia, y yo estaré en la primera línea para morir combatiendo en defensa de mi patria.
En nombre del pueblo de Cuba,
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Desde lo alto de su roca el Buitre Viejo acecha. Una claridad inquietante comienza a disipar las sombras que en el horizonte amontonó el crimen, y en la lividez del paisaje parece adivinarse la silueta de un gigante que avanza: es la Insurrección.
El Buitre Viejo se sumerge en el abismo de su conciencia, hurga los lodos del bajo fondo; pero nada haya en aquellas negruras que le explique el por qué de la rebelión. Acude entonces a los recuerdos; hombres y cosas y fechas y circunstancias pasan por su mente como un desfile dantesco; pasan los mártires de Veracruz, pálidos, mostrando las heridas de sus cuerpos, recibidas una noche a la luz de un farolillo, en el patio de un cuartel, por soldados borrachos mandados por un jefe borracho también de vino y de miedo; pasan los obreros de El Republicano, lívidos, las ropas humildes y las carnes desgarradas por los sables y las bayonetas de los esbirros; pasan las familias de Papantla, ancianos, mujeres, niños, acribillados a balazos; pasan los obreros de Cananea, sublimes en su sacrificio chorreando sangre; pasan los trabajadores de Río Blanco, magníficos, mostrando las heridas denunciadoras del crimen oficial; pasan los mártires de Juchitán, de Velardeña, de Monterrey, de Acayucan, de Tomochic; pasan Ordoñez, Olmos y Contreras, Rivero Echegaray, Martínez, Valadez, Martínez Carreón; pasan Ramírez Terrón, García de la Cadena, Ramón Corona; pasan Ramírez Bonilla, Albertos, Kaukum, Leyva. Luego pasan legiones de espectros, legiones de viudas, legiones de huérfanos, legiones de prisioneros y el pueblo entero pasa, desnudo, mascilento, débil por la ignorancia y el hambre.
El Buitre Viejo alisa con rabia las plumas alborotadas por el torbellino de los recuerdos, sin encontrar en éstos el porqué de la Revolución. Su conciencia de ave de rapiña justifica la muerte. ¿Hay cadáveres? La vida está asegurada.
Así viven las clases dominantes: del sufrimiento y de la muerte de las clases dominadas, y pobres y ricos, oprimidos y déspotas, en virtud de la costumbre y de las preocupaciones heredadas, consideran natural este absurdo estado de cosas.
Pero un día uno de los esclavos toma un periódico, y lo lee: es un periódico libertario. En él se ve cómo el rico abusa del pobre sin más derecho que el de la fuerza y la astucia; en él se ve cómo el gobierno abusa del pueblo sin otro derecho que el de la fuerza. El esclavo piensa entonces y acaba por concluir que, hoy como ayer, la fuerza es soberana, y, consecuente con su pensamiento, de hace rebelde. A la fuerza no se la domina con razones: a la fuerza se la domina con la fuerza.
El derecho de rebelión penetra en las conciencias, el descontento crece, el malestar se hace insoportable, la protesta estalla al fin y se inflama el ambiente. Se respira una atmósfera fuerte por los eluvios de rebeldía que la saturan y el horizonte comenza a aclararse. Desde lo alto de su roca el Buitre Viejo acecha. De las llanadas no suben ya rumores de quejas, ni de suspiros ni de llantos: es rugido el que se escucha. Baja la vista y se estremece: no percibe una sola espalda; es que el pueblo se ha puesto de pie.
Bendito momento aquel en que un pueblo se yergue. Ya no es el rebaño de lomos tostados por el sol, ya no es la muchedumbre sórdida de resignados y de sumisos, sino la hueste de rebeldes que se lanza a la conquista de la tierra ennoblecida porque al fin la pisan hombres.
El derecho de rebelión es sagrado porque su ejercicio es indispensable para romper los obstáculos que se oponen al derecho de vivir. Rebeldía, grita la mariposa, al romper el capullo que la aprisiona; rebeldía, grita la yema al desgarrar la recia corteza que cierra el paso; rebeldía, grita el grano en el surco al agrietar la tierra para recibir los rayos del sol; rebeldía, grita el tierno ser humano al desgarrar las entrañas maternas; rebeldía, grita el pueblo cuando se pone de pie para aplastar a tiranos y explotadores.
La rebeldía es la vida: la sumisión es la muerte. ¿Hay rebeldes en un pueblo? La vida está asegurada y asegurados están también el arte y la ciencia y la industria. Desde Prometeo hasta Kropotkin, los rebeldes han hecho avanzar a la humanidad.
Supremo derecho de los instantes supremos es la rebeldía. Sin ella, la humanidad andaría perdida aún en aquel lejano crepúsculo que la Historia llama la Edad de la Piedra, sin ella la inteligencia humana hace tiempo que habría naufragado en el lodo de los dogmas; sin ella, los pueblos vivirían aún de rodillas ante los principios del derecho divino; sin ella, esta América hermosa continuaría durmiendo bajo la protección del misterioso océano; sin ella, los hombres verían aun perfilarse los recios contornos de esa afrenta humana que se llamó la Bastilla.
Y el Buitre Viejo acecha desde lo alto de su roca, fija la sanguinolenta pupila en el gigante que avanza sin darse cuenta aún del por qué de la insurrección. El derecho de rebelión no lo entienden los tiranos.
(De Regeneración, 10 de septiembre de 1910).
“Todos y cada uno de nosotros paga puntualmente su cuota de sacrificio, conscientes de recibir el premio en la satisfacción del deber cumplido, conscientes de avanzar con todos hacia el hombre nuevo que se vislumbra en el horizonte.”
Ernesto Che Guevara.
El socialismo y el hombre nuevo en Cuba. Marzo 1965.
¿Cuántas veces se ha tratado de matar a este hombre que sintetiza, más que una persona, un ideal? ¿Cuántas veces se ha tratado de poner la figura del Che Guevara y lo que representa en el fugaz escaparate de las modas que visten para la ocasión y no desvisten la mediocridad?
Cada año, durante 40, en ofensivas mediáticas y reflexiones de arrepentidos, conversos y “objetivos” analistas a “toro pasado”, se ha reeditado la emboscada de la Quebrada del Yuro, en Bolivia, para tratar de convencer al mundo que abajo y a la izquierda se empecina en luchar por su liberación, la muerte de la terca rebeldía que lleva el nombre de Che Guevara.
¿Y cuántas veces se ha tratado de conquistar a los pueblos originarios de este continente, que pudiera llamarse “Guevariano” y no “Americano”?
Pueblos que siguen alardeando su ignorancia para conjugar la resistencia y la lucha por un mundo mejor con el “yo, mi, me, conmigo” y, en cambio, se precian de reiterar ese “nosotros” tan pasado de moda, sobre todo a la hora de los compromisos.
Cada año, durante 515, en declaraciones de funcionarios, supuestos historiadores que apenas alcanzan con torpeza a hilvanar justificaciones para la historia de arriba, y “objetivos” analistas de una “modernidad” prematura, se reedita el descubrimiento y conquista de estos suelos, para así tratar de convencernos de que lo que no fue sino despojo y destrucción, se trató de la “civilización” de culturas que, en realidad, dan “una y las cuatro” a aquellas que ahora se pretenden el modelo para toda la humanidad.
¿Y cuántas veces no se ha tratado de acomodar, en el cómodo estante de la moda, el acercamiento a quienes son el color que son de la tierra?
Claro, siempre y cuando no se olvide que las modas son pasajeras y, como tales, dependen de los calendarios de arriba.
Después de 1994, “vestía” bien el acompañar la lucha indígena, pero no hay moda que aguante más de 10 años y, en este caso, el objeto de estudio, análisis, reflexión, limosna y misericordia es terco, rebelde, desobediente.
Y cuando la moda cambió y se decretó que la política de arriba era lo urgente e importante, todo lo que no entrara en ese calendario se convirtió en anacrónico, reprobable y despreciable.
Una leyenda que se pierde en los rincones que abundan en el latido moreno de las tierras de este continente, cuenta que los dioses plantaron acá el mañana; que el mundo estaba cabal y no había Mandón ni mandado; que el sol despertaba y descansaba en las montañas que bordan las orillas de la casa grande de los hombres y mujeres de maíz; que la noche era el tiempo para el brillo de la otra luz que nacía de las pieles que, encontrándose, parían mundos enteros en todos los rincones; que la madrugada era el espacio para guardar las maravillas que ahora son manchadas con la palabra “imposible”; que entonces las sombras estaban sembradas así nomás, vestidas en veces de árbol, piedra, nube, palabra, esperando la luz que les diera vida y paso.
Y cuentan que fue dada la riqueza hecha tierra, agua, aire, vida, y que fueron dados también los Guardianes para que para todos y todas fuera, para que no muriera.
Cuentan también que, después de invadidas y conquistadas estas tierras por el dinero hecho dios y ejército, cuando el europeo Américo Vespucio dibujó el mapa del continente que llevaría su nombre, estaba pensando no en la cartografía de un mundo nuevo, sino en el mapa de un tesoro.
Y sobre el tesoro se arrojó la jauría con ropas de sotana y armadura. Se destruyó y se saqueó. La tierra, la Madre, adolorida, ordenó a sus Guardianes la resistencia y el paciente alivio, que no la cura, de la cobija de la lengua, el vestido, el canto, el baile, la cultura.
En las naguas y las trenzas de las mujeres, en los dobleces de la piel de los más mayores, en el asombro de los niños, en la digna rebeldía de sus hombres y mujeres, fueron guardados los recuerdos, pero no de lo que fue, sino de lo que será.
Bajo estos cielos ondearon las banderas usurpadoras de las monarquías española, portuguesa, holandesa, británica, francesa, siempre la del dinero; y los saqueadores tenían cartas de gobiernos que, decían, se preocupaban por “civilizarnos”.
No deja de ser paradójico que algunas de esas naciones sigan, más de 500 años después, manteniendo a familias reales sin más mérito que un árbol genealógico cultivado con crímenes, intrigas y guerras; y que ellas se autodenominen “modernas” y “civilizadas”, mientras que los pueblos indios sean los “retrasados”.
En el reloj de abajo sonó después la hora de la lucha, y la sangre indígena corrió por los 7 puntos cardinales. Y se llamó independencia al cambio de ropa que el dinero hacía para seguir oprimiendo tierras y gente.
Llegó después al arriba de arriba el nuevo Emperador, el capital, y con él la nueva alquimia que todo lo convierte en mercancía.
Arriba se simulaba independencia y soberanía, pero la ropa del extranjero seguía vistiendo al Mandón. El calendario de abajo cumplió el ciclo y el centenario alumbró un nuevo alzamiento. La sangre morena se reiteró, generosa, y sobre ella y por ella cayó el tirano. El final se decretó hecho monumento y los pendientes fueron tantos que el alivio fue escaso y la cura nula.
La tierra, la Madre, brindó entonces su alimento de dignidad rebelde a otros colores y, como fragmentos de un espejo roto, la lucha tomó desde entonces la ropa del obrero, del campesino, del empleado, del otro amor, de la juventud, de la mujer, de la sabiduría que no se vende por comodidad o moda.
La resistencia floreció, florece.
Pero la historia de arriba vuelve a ofrecernos, como salida, la mentira que ni cura ni alivia… 100, 200 años después.
El Emperador ha crecido y ha crecido su ambición y poder de destrucción. Si antes el tesoro era de oro, plata, metales y piedras preciosas, ahora es de agua, aire, bosques, animales, conocimientos, personas.
Y si antes el ropaje de sus oficiales de conquista era la sotana y la armadura, y después la afrancesada levita de “científicos” y militares porfiristas; ahora es la chaqueta de múltiples vistas de los partidos políticos.
El Emperador, el capital, llegado a su edad neoliberal y globalizada, ha conseguido llevar su lógica mercantil a los rincones más apartados de la naturaleza. Hoy es mercancía lo que antes no tenía más valor que el de uso del común de la gente.
Pero en el nuevo saqueo, el Emperador ha encontrado el mismo obstáculo que topó su padre-madre: la rebeldía de los pueblos indios.
Destruido el campo y quien lo trabaja, desmanteladas las conquistas de los trabajadores y trabajadoras de la ciudad, obtenida la bendición de cardenales y obispos antiguos y modernos (es decir, los medios de comunicación masiva), comprados con unas cuantas monedas los principios de partidos políticos y organizaciones sociales; el Emperador redescubre ahora que los Guardianes son molestia y oposición real.
Cuando el Emperador manda y ordena, el político se apresura en su servidumbre. Un ejército de autoridades y funcionarios gubernamentales, respaldados por un ejército y una policía con métodos de guardia hacendaria, encabezan el pillaje de los últimos vestigios de Nación, soberanía e independencia que existen en nuestros suelos.
En México esta guerra de conquista es sólo nueva en sus formas legales y mediáticas, y en los ridículos colores de los vestidos de los gobernantes: el verde, blanco y rojo; el azul y blanco, el amarillo y negro, el rosa, el rojo y amarillo, el verde macilento, más los que se sumen al catálogo de pinturas en la próxima temporada publicitaria, es decir, en las próximas elecciones.
Para la reconquista de México, ahora con el objetivo de sus riquezas naturales, el Emperador envió entonces a uno de sus pupilos dilectos, preparado en sus campos de entrenamiento, perdón, en sus universidades privadas: Carlos Salinas de Gortari quien, mediante un fraude electoral, pudo conquistar una cabeza de playa, el gobierno federal, y, desde ahí y mediante la coartada del liberalismo social, la compra de conciencias, la derrota de ánimos y la eliminación de quienes se le resistían, impuso, a sangre y fuego, las condiciones para liquidación de la Nación mexicana a precios de paraestatal, perdón, a precio de baratillo.
La mitología capitalista encontró entonces, con la complicidad de criminales e ilustrados, un ejemplo a seguir: Carlos Slim Heliú. El viejo cuento de la riqueza conseguida con trabajo y sacrificio, ocultó y oculta la corrupción y el despojo con tarjeta prepago.
En un texto escrito en vísperas de continuar sus andanzas rebeldes, “El Socialismo y el Hombre Nuevo en Cuba” (Semanario “Marcha”, Marzo de 1965), Ernesto el Che Guevara señaló: “Las leyes del capitalismo, invisibles para el común de la gente y ciegas, actúan sobre el individuo sin que éste se percate. Sólo se ve la amplitud de un horizonte que aparece infinito. Así lo presenta la propaganda capitalista que pretende extraer del caso Rockefeller –verídico o no- una lección sobre las posibilidades de éxito. La miseria que es necesario acumular para que surja un ejemplo así y la suma de ruindades que conlleva una fortuna de esa magnitud, no aparecen en el cuadro y no siempre es posible a las fuerzas populares aclarar estos conceptos”.
Ponga usted “Carlos Slim Heliú” en lugar de “Rockefeller” y verá que la historia de arriba, cansada de andar, se repite.
Pero tal vez algunas cosas, además de los ropajes, han cambiado. Si en todo el mundo los “oficiales” de la neoconquista del planeta son los gobiernos nacionales y su tropa está formada por funcionarios de todo tipo y rango, el papel de bufones de la corte del Emperador está muy disputado por los partidos políticos… y no sólo en tiempos electorales, pero siempre referido a ellos.
Y abundan las anécdotas que son botones de muestra:
Por ejemplo, no se dice que, detrás de la supuesta independencia del legislativo respecto a los medios electrónicos, está el descontento de la clase política por no recibir ninguna paga por haber superado el “rating” de la barra cómica.
Y tampoco se nos quiere decir que la salida de Ugalde del IFE es un pleito pasional, y no una concesión obtenida gracias a la inteligente habilidad del FAP. No se va a decir, porque no es políticamente correcto señalar que en las recámaras de la clase política y en el actual gobierno federal abundan los closets. No se nos va a decir que la pasión que floreció y llegó a su clímax en la evidente complicidad del IFE en el fraude electoral que llevó al Poder a Felipe Calderón Hinojosa, ahora decayó y hay otros closets. O sea que, como luego se dice, a Ugalde “le dieron baje”.
Por cierto, ¿a poco no, cuando Felipe Calderón se pone su disfraz de milico, no se parece extraordinariamente al dictadorzuelo de esa excelente tira cómica que hace, o hacía, el caricaturista Palomo y se llama “El Cuarto Reich”? Perdón, iba también a comentar que, poniéndome a tono con esto de la conquista española, a poco no si le ponen bigote a Felipe Calderón se parece mucho a José María Aznar.
No lo voy a comentar porque he recordado que ésta es una mesa redonda tan seria y formal que ni siquiera puedo reiterar los chistes malos sobre el hecho de que es rectangular.
Si no fuera seria, podría decir algo sobre ese montón de escombros, lleno de mierda y sangre, que es el PRI y algunos de sus personajes más emblemáticos: Carlos Salinas de Gortari, Ernesto Zedillo Ponce de León, Ricardo Monreal, Arturo Nuñez, Juan Sabines.
Tampoco voy a hacer comentarios sarcásticos sobre el PRD, el presidente “legítimo”, su Convención Nacional Democrática, el flamante Frente Amplio Progresista y sus gobernadores y presidentes municipales “de izquierda”.
No voy a recordar que, en la CND celebrada hace un año, representando a los indígenas de México estaban los ex funcionarios de Vicente Fox, usando las siglas del Congreso Nacional Indígena -CNI- (aunque como “Convención Nacional Indígena”), como fue oportunamente señalado por Magda Gómez en su momento.
Voy, en cambio, a hacer un poco de memoria. Ésa que tan poco afecto tiene entre el lopezobradorismo ilustrado, tan propenso al olvido selectivo.
Hace poco más de 10 años corrían los tiempos de los diálogos de San Andrés entre el gobierno federal y el EZLN. Terminada la mesa I, sobre derechos y cultura indígenas, se inició la Mesa sobre Democracia y Justicia. La delegación gubernamental que Ernesto Zedillo Ponce de León envió a esos diálogos optó por la estrategia de “no los veo, no los oigo” (¿les suena?). Del lado del EZLN, encabezaban la delegación el Comandante Tacho, el Comandante David y el Comandante Zebedeo.
El EZLN había convidado, sea como invitados o como asesores, a un gran número personas comprometidas con la lucha en esos temas. Por ahora recuerdo que, del lado nuestro (y con “nuestro” no quiero decir “del EZLN”, sino de la lucha) estaban, entre otras y otros, personas que hoy nos critican y descalifican por nuestras posiciones.
En esos días fueron asesinados por el gobierno unos campesinos indígenas del municipio Nicolás Ruiz, Chiapas, donde existen grandes simpatías con el EZLN. Nuestros delegados reclamaron y exigieron. Los delegados del gobierno se trincaron en no hablar ni escuchar.
Entonces, me cuentan los comandantes y comandantas que asistieron, la creatividad de nuestros asesores e invitados los enfrentó por medio de la mímica, que incluía recordatorios adecuados a las respectivas progenitoras de los enviados de Zedillo.
La delegación gubernamental de entonces era famosa en los bares, cantinas y antros de San Cristóbal de las Casas, Chiapas. Además de por sus filias etílicas, los representantes del gobierno eran conocidos porque no sabían tomar y, a las primeras copas, sentían una necesidad imperante de que sus compañeros de parranda supieran de sus convicciones (cito textualmente una de ellas: “los zapatistas están apostando a que caiga el PRI y así dialogar con otro gobierno, pero están muy equivocados, el PRI nunca va a dejar el Poder”), así como presumir sus tácticas y estrategias. Entre éstas estaba la de que había que golpear a los zapatistas o a sus simpatizantes para obligarlos a dialogar y llegar a acuerdos. Así transcurrió todo esa parte del fallido diálogo. Cuando se rompe, en la Secretaría de Gobernación de Zedillo se reunieron los delegados, el secretario de gobernación y el subsecretario, y decidieron llevar hasta sus últimas consecuencias esa estrategia de “pega y dialoga”.
Entonces se sentaron las bases de la que, meses después, sería conocida en todo el mundo como “La Masacre de Acteal”.
Voy a recordar algunos nombres: el subsecretario de gobernación era Arturo Nuñez (hoy senador por el PRD), que después sería uno de los líderes visibles de la movilización en contra del fraude electoral del 2006 y ahora lo es del Frente Amplio Opositor.
El nombre de los delegados gubernamentales de entonces: Marco Antonio Bernal, Del Valle y Gustavo Iruegas. Si piensa que éste último es un homónimo del encargado de relaciones internacionales del gobierno “legítimo” de López Obrador, se equivoca: es el mismo.
Sí, del lado de la traición de febrero de 1995; del lado del desalojo y destrucción de las pocas pertenencias de los pobladores de Guadalupe Tepeyac y el Prado, en las montañas del Sureste Mexicano; del lado de los asesinos de los campesinos indígenas de Nicolás Ruiz, del lado de quienes en todo momento se empeñaron en tratar de humillar a los jefes zapatistas y se burlaron de su forma de hablar, de su tiempo, de su cultura, de su causa; de los autores intelectuales y materiales de la Matanza de Acteal, estuvo el ahora flamante funcionario del gobierno legítimo, que cuenta con el respaldo de la CND lopezobradorista.
Los comandantes Tacho, David y Zebedeo les pueden contar muchas historia que documentan el racismo del señor Iruegas.
No sabemos en qué momento personas como ésta cambiaron de posición, de convicción y de práctica.
Tal vez quienes hoy no sólo los siguen y respetan como sus gobernantes “legítimos”, sino que además nos exigen que hagamos lo mismo, so pena de ser criticados de “derechistas”, lo sepan.
Tal vez nos lo digan, tal vez nos den pruebas de que sí cambiaron y ya no son racistas, autoritarios y criminales.
Tal vez sólo bastó que dijeran que estaban de su lado y ya.
Tal vez eso y una ropa decente los convencieron.
A nosotros no.
Pero ocurre ahora que si nosotros lo advertimos, lo recordamos, lo decimos, nosotros somos los “salinistas”, los que le hacemos el juego a la derecha, los que debemos ser repudiados, calumniados, silenciados, perseguidos, despreciados.
No entendemos. Porque nosotros seguimos siendo los atacados, los desalojados, los amenazados, los asesinados, los encarcelados. Pero nos exigen que no lo digamos cuando se trata de alguno de sus nuevos dirigentes.
Cada que puede, Andrés Manuel López Obrador resalta como un gran logro de su movimiento el que “no hayan roto ni un solo vidrio”. Hace unos días, en un programa radial, le preguntaron sobre lo que dijimos en nuestro último comunicado de las agresiones que sufren nuestras comunidades. AMLO respondió, palabras más, palabras menos, que él acaba de recorrer todos los municipios de Chiapas y no había visto nada. No sabemos si el síndrome de Fox (que no leía los periódicos) afecta ya al presidente “legítimo”, pero, debo decirle que no es cierto que visitó todos los municipios chiapanecos, porque en nuestro estado hay más de 40 MAREZ en los que no estuvo.
Claro que se entiende que no lo sepa porque casi no sale en la prensa, gracias al cierre de espacios y a que el zapatismo es moda pasada.
También puede ser que cualquier señalamiento crítico y de memoria que lo cuestione sea, previa calificación de “derechista”, editado en sus reportes de prensa y en sus comparecencias públicas y mediáticas.
Lo entendemos. Después de todo se nos puede acusar, como lo escribiera -con el embrutecimiento que da el alcohol-, quien en algún momento estuvo de nuestro lado, de “salinistas”.
Pero disculpen ustedes que insista en recordar:
Cuando fueron las elecciones para gobernador en Chiapas, estaba en el Zócalo capitalino el plantón de protesta contra el fraude electoral y en él se encontraba AMLO. El candidato del PRD a la gubernatura era Juan Sabines, quien apenas unos meses antes era alcalde de Tuxtla Gutiérrez y del PRI por muchos años. Tal vez alguien recuerde que López Obrador abandonó el plantón para ir a apoyar la campaña de Sabines y que, obtenido el triunfo por un pequeño margen de votos, regresó al zócalo y, exultante, declaró que en Chiapas “se había detenido a la derecha. El lopezobradorismo, aún sabiendo que con Juan Sabines se reciclaba a lo peor del PRI, aquel que convirtió a Chiapas en una gran hacienda porfirista y que encontró en el “Croquetas” Albores Guillén su personaje más representativo, guardó silencio y aplaudió. No se dijo entonces que con Sabines regresaba al poder también la camarilla de los finqueros que, antes del alzamiento, hacían realidad cotidiana la obra de Bruno Traven llamada “La Rebelión de Los Colgados”.
No importaba que eso significara tomar partido a favor de la derecha chiapaneca, había que aplaudir y seguir al líder… para perder la memoria y guardar un silencio cómplice después.
Desde que iniciaron nuestras críticas al proyecto de AMLO, en los sectores progresistas hubo molestia primero, y calumnias después, porque no nos sumamos a la corte lopezobradorista (en la que ell@s, “sonríe, vamos a ganar”, decidirían el futuro de México). Nuestra posición fue puntual: AMLO y el PRD representaban no sólo la continuación del proyecto económico, político, social e ideológico, también la coartada perfecta: la bandera de la izquierda institucional en lo alto de la maquinaria de explotación represión, despojo y discriminación que es el capitalismo. La guerra contra los pueblos indios vestida con otras ropas.
¿Quiénes eran los indios zapatistas y su narigón vocero para arruinar la fiesta prematura de repartos de puestos, embajadas, consulados, asesorías, y pláticas de sobremesa con “los que mandan”?
Entonces dijeron y publicaron que estábamos al servicio de la derecha, se deslindaron del apoyo y simpatía que tenían por nuestro movimiento y, en algunos casos, consiguieron que se nos cerraran los pocos espacios públicos que había para nuestra palabra.
Tal vez es mejor buscar una palabra objetiva. Voy a citar un informe que el Centro de Derechos Humanos Fray Bartolomé de Las Casas, envió a las Juntas de Buen Gobierno a principios de septiembre de este año, sobre la situación de los desalojados por el gobierno derechista y panista de Felipe Calderón Hinojosa y el gobierno izquierdista y perredista de Juan Sabines:
“6 de septiembre 07.
Las personas desplazadas, ahora se encuentran en un lugar llamado Rancho Las Vegas, que anteriormente funcionaba como un bar-burdel, en las afueras del poblado de La Trinitaria, Chiapas. En ese lugar no hay energía eléctrica, no cuentan con agua potable ni drenaje. Además en esta época de lluvia entra el agua por el techo y por las puertas de ese lugar, las personas duermen sobre colchonetas de hule espuma a ras de piso. En cuestión de salud: hay 2 mujeres que se encuentran embarazadas, 1 persona que tiene varicela y 2 personas más que tienen infecciones cutáneas, el riesgo de infección es alto debido a la falta de agua potable.
En cuanto a la alimentación: esta ha sido proporcionada por el estado, sin embargo las mujeres desplazadas han indicado que solamente les dan arroz, lo cual no están acostumbrados a comer, es decir la alimentación proporcionada no está de acuerdo a su cultura ni a una buena alimentación. CARITAS de San Cristóbal les ha proporcionado frijoles y maíz, además de otros alimentos.
Hasta el momento las autoridades de gobierno, no han propuesto a estas personas un lugar digno en donde reubicarse, los desplazados han solicitado a los funcionarios de gobierno de Chiapas, ser trasladados al municipio de Ocosingo, en donde tienen familiares, sin embargo esto no se ha hecho, tampoco el estado les ha garantizado que ya en Ocosingo tendrán un lugar digno para vivir, así como la alimentación, ya que los desplazados en su mayoría son mujeres, ya que los hombres fueron detenidos.
Las comunidades de las que fueron desalojadas aun se encuentran custodiadas por los policías y el estado les ha dicho que no pueden regresar a ese lugar, pero no les ha dado otra propuesta de vivir en otro lugar, pareciera que la intención del estado es que esa gente se canse y se disperse, para ya no tener responsabilidad sobre ellas.
Las personas desplazadas se encuentran aun custodiadas por elementos de la Secretaría de Seguridad Pública del Estado y Policía Municipal de La Trinitaria, oficialmente no se encuentran detenidas, sin embargo estas no pueden salir, el estado ha insistido que no se encuentran detenidos pero en la práctica no pueden salir.
En cuanto a la comunicación con los desplazados ha sido posible gracias a la gestión de varias ONG´s, quienes han estado visitándolos constantemente para ver en qué condiciones se encuentran, ya que al principio los elementos policiacos no permiten la entrada.
A las 6 personas detenidas, el día 27 de agosto 07, se les dictó el auto de formal prisión por los delitos de daños y ecocidio.
En total son 33 personas desplazadas, 7 adultos (todas mujeres) y 26 menores (el más pequeño de 9 meses).
En cuanto a los detenidos, que se encuentran en el CERESO No. 14, El Amate, tenemos conocimiento que se encuentran en un lugar llamado Centro de Observación y Clasificación, también conocido como COC o “72 horas” y que como son los únicos indígenas que hay en este momento en ese lugar no les permiten usar los sanitarios.
Participaron en dicho operativo las dependencias oficiales siguientes:
Estatales: Agencia Estatal de Investigación. Fiscalía General de Justicia, Región Selva.Secretaría de Gobierno. Policía Estatal Preventiva.
Federales: Agencia Federal de Investigación. Procuraduría General de la República, Secretaría del Medio Ambiente. CISEN. Policía Federal Preventiva.
Los 6 detenidos fueron obligados a firmar un papel en el que piden perdón al Gobernador y le piden misericordia para que obtengan su libertad.”
No sé si, después de escuchar esto, también se va a acusar al Frayba de ser “salinista” y de “hacerle el juego a la derecha”.
Hace 40 años, el 8 de septiembre de 1967, acosado por el ejército y atacado por las izquierdas bien portadas del mundo, el Che escribió:
“Un diario de Budapest critica al Che Guevara, figura patética y, al parecer irresponsable y saluda la actitud marxista del Partido Chileno que toma actitudes prácticas frente a la práctica. Cómo me gustaría llegar al poder, nada más para desenmascarar cobardes y lacayos de toda ralea y refregarles en el hocico sus cochinadas.”
Hoy, 40 años después, en mi voz, las comunidades indígenas zapatistas rinden un humilde homenaje a quien fue catalogado, por quienes decían estar de su mismo lado, como “patético” e “irresponsable”.
De ellos no hay quien se acuerde con respeto, pero el Che sigue siendo inspiración en nuestro moreno andar.
Por lo demás, para nosotros, los zapatistas, las zapatistas, está claro: en el criminal calendario de arriba, el reloj de la historia pretende repetir la hora del crimen en contra de nuestras culturas originarias.
Corresponde a nuestros pueblos indios seguir en la lucha que otros abandonan por comodidad.
En lugar de paralizarnos por el silencio y la indiferencia con las que nos “castigan” por no seguirlos en su aventura donde están los mismos pero con ropa distinta, estamos empeñados en un doble esfuerzo: el vernos y escucharnos con los pueblos originarios de este continente; y el organizarnos con aquellas y aquellos que eligieron el lugar más incómodo para ser y luchar: el de abajo y a la izquierda.
En unos días, las culturas originarias de este continente se reunirán en el territorio de la tribu Yaqui, en Vicam, en Sonora, en México.
Como no se discutirán ahí candidaturas, alianzas electorales o lo que esté de moda en el calendario de arriba, se dirá que es intrascendente y no tendrá repercusiones (o sea cabezas en los noticieros).
Tal vez.
Pero nosotros sabemos que la tierra, la Madre, sabe que ahí es donde se sabrá si alguien luchará por darle el mañana que en su seno guarda, si alguien confeccionará la ropa que nadie habrá de portar cuando se enfrente al cíclope del Poder, si alguien labrará al fin el otro calendario en otra geografía, uno en el que todo sea renombrado de nuevo, y la luz y la sombra recuerden que ambos son la parte de verdad que toda leyenda guarda.
Muchas gracias.
Subcomandante Insurgente Marcos.
México, Octubre del 2007.
